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El
Castillito
Por la calle Agustín Güemes, aquella que desciende en espiral,
precisamente en el arranque de su curva se encuentra una inconfundible
construcción porfiriana de clara influencia francesa. Los habitantes
de la zona la conocen como el Castillito.
Edificado a principios de siglo para que sirviera de vivienda al encargado
del parque Porfirio Díaz. Abandonada desde la revolución,
fue recuperada por el gobernador del estado Vicente Estrada Cajigal. En
1986 fue destinado como sede del Consejo Consultivo Municipal y Museo
fotográfico de la Ciudad.
El recinto realmente es una miniatura; sus pequeñas salas cuentan
con muebles de la época y exhiben en una agradable atmósfera
algunas de las fotografías más antiguas de la ciudad.
El Castillito está construido totalmente con tabique comprimido
elaborado en Cuernavaca en una fabrica ultra moderna para esos tiempo,
la cual se encontraba instalada en los terrenos donde se localizaba hace
varios años la casa de reposo de los esposos Miller nombrada "El
Buen Retiro" y que fue sitio de la primera feria de la primavera
de Cuernavaca al sur de Plaza Cuernavaca. Los productos elaborados en
dicha industria no solo se construyeron en el Estado de Morelos, si no
en varias partes, y grandes cantidades se exportaron a la ciudad de México
y a los Estados Unidos. Los propietarios de la empresa fueron el constructor
del Ferrocarril Mexico-Cuernavaca y destructor de nuestros bosques el
Sr J.H Hampson, Don Adolfo Grimwood y Don Ramón Oliveros. La Poduccion
de esta fabrica era de 50 mil tabiques diarios, con este mismo material
el contratista Don Macedonio Hernández Contreras (padre de Don
Ramón Hernández Navarro), Quien fue presidente municipal)
trabajó en varias edificaciones aparte del "Castillito",
tales como el desaparecido Mercado Municipal, el Hotel Moctezuma (Hotel
Peñalba) y la casa situada en la esquina de Comonfort y Lerdo de
Tejada la cual fue construida para el Dr. Dickens.
El Castillito quedó abandonado en la revolución, y en los
años treinta el entonces gobernador del Estado Don Vicente Estrada
Cajigal, lo acondicionó para que ahí viviera el Sr. Arcadio
Varela, encargado de parques y jardines y del programa de reforestación
de la ciudad, Don Arcadio (el apóstol del árbol de esta
región) lo ocupó desde esas fechas hasta su muerte ocurrida
en el año de 1962. Despues su hijo Jorge continuó usufructuando
la propiedad hasta la fecha de su muerte en el año de 1983. Posteriormente
una señora con la que había vivido con la cual no procreó
ningún hijo, siguió viviendo en la casa acompañada
de sus vástagos, habiendo destruido su aspecto con un total abandono
de la propiedad. |
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Nadie que baje por la avenida Agustín Güemes Celis, de Cuernavaca,
puede ignorar el edificio minúsculo de estilo francés que,
como una joya, aparece incrustado en el número uno de esta calle.
Se trata del Museo Fotográfico El Castillito, un lugar que concentra
parte de la memoria gráfica de Cuernavaca y es, por decirlo en
niño, que es como se deben decir estas cosas, el álbum de
fotografías familiares de Cuernavaca.
Datos históricos El rescate
Dentro del Castillito Dirección, Horarios de apertura y tarifas
DATOS HISTORICOS
La historia oficial del Castillito menciona que en 1897, con la inauguración
del Ferrocarril México-Cuernavaca, la vida y las costumbres de
la ciudad cambiaron de una manera drástica, de tal suerte que fue
necesario construir una calzada que comunicara la estación con
el centro de la ciudad y sobre la cual se pudiera instalar una línea
de tranvía de tracción animal. Hechos los estudios, se trazó
la avenida que hoy lleva el nombre de Leandro Valle y se edificó
un puente sobre la barranca de Oacalco para unir las dos riberas, en un
sitio localizado en los inicios de la colonia Miraval, por el Oriente,
y por el Poniente con la loma de El Calvario. Con gran pompa en la que
participó todo el pueblo, las autoridades de Morelos y el presidente
de la República, José de la Cruz Porfirio Díaz Mori,
más y mejor conocido como don Porfirio Díaz, el puente y
la calzada Leandro Valle se inauguraron el 15 de septiembre de 1900.
En la ribera del jardín del poniente se construyó, además,
un kiosco (trasladado en 1957 al parque Melchor Ocampo) y en el Oriente
se respetó un antiguo camino de herradura que conducía desde
el puente de Oacalco al pueblo de Chamilpa. En las dos secciones del parque
se colocaron arbotantes con alumbrado eléctrico. En las glorietas
del puente se edificaron sendas y fuentes con surtidores de fierro colado.
Para coronar esta gran obra en la ciudad capital, en el punto más
alto se construyó El Castillito, de estilo francés, para
que lo ocupara el guardavía y encargado de la conservación
del jardín del poniente.
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EL RESCATE
El pequeño castillo fue construido totalmente con tabique comprimido,
pero fue abandonado durante la Revolución, y en los años
treinta el entonces gobernador Vicente Estrada Cajigal lo acondicionó
para que ahí viviera el señor Arcadio Varela, encargado
de parques y jardines y del programa de reforestación de la ciudad,
quien lo ocupó desde esas fechas hasta su muerte ocurrida en el
año de 1962.
Después, su hijo Jorge Varela continuó viviendo en la propiedad
hasta la fecha de su muerte, en el año de 1983, de ahí pasó
a una señora con la que Jorge Varela había vivido y la cual
lo siguió ocupando acompañada de sus vástagos, quienes
la habitaron hasta que casi acabaron con la construcción. Debido
al estado de abandono y destrucción en que El Castillito se encontraba,
algunos miembros del Consejo Consultivo de la Ciudad, como el ingeniero
Juan Dubernard Chauveau y el licenciado Sergio Estrada Cajigal Barrera,
convencieron al presidente municipal de la necesidad de rescatar el inmueble
histórico, y éste lo entregó al Consejo el 18 de
octubre de 1986, y con el apoyo del H. Ayuntamiento fue restaurado totalmente
y convertido en el mínimo museo fotográfico donde se exhibe
parte de la historia y el desarrollo urbano de Cuernavaca.
DENTRO DEL CASTILLITO
Frente a esta construcción que cualquier niña querría
tener como casa de muñecas (o princesas), no puedo más que
sonreír. Como museo fotográfico El Castillito se compone
de dos áreas, el sótano, que se integra por dos piezas de
cuyas paredes cuelgan fotografías de distintas épocas de
Morelos y Cuernavaca, y el piso al que se accede por unas escaleras en
donde hay un recibidor y una habitación principal.
Entro al sótano y observo en dos pequeñas salas alrededor
de 150 fotografías, y me encuentro con una Cuernavaca de calles
empedradas y vacías que hoy están atascadas de camiones
y automóviles. La gente de las imágenes sigue siendo como
la que hoy se encuentra por las avenidas: delgada, morena, de pelo negro.
Me atrae la imagen de la primera gasolinera instalada en 1940 en lo que
hoy es la plaza de armas y una reproducción de un decreto de 1834
por medio del cual “el gobernador del Estado Libre y Soberano de
México Manuel Díaz de Bonilla hace saber que el Congreso
ha decretado que se conceda a la Villa de Cuernavaca el título
de Ciudad”; también una fotografía de 1943, de una
calle localizada atrás del Palacio de Cortés, en la que
se distinguen dos niños de pie, en la banqueta, frente a la puerta
de su casa. Viendo estas imágenes en este lugar tan especial uno
está casi obligado a preguntarse ¿a quién vemos en
el tiempo cuando nos toman una fotografía? O mejor ¿hacia
cuándo vemos? Hemos sido nosotros, pero no somos, porque aquel
no será, sino fue, en un permanente ver del que nunca se parte.
En la siguiente sala hay más fotografías, pero destaca el
recorte de un periódico (el Excelsior, para más datos) fechado
el 16 de mayo de 1932, en el cual se relata que en las ruinas del antiguo
hotel Bellavista, hoy pasaje Bellavista, unos albañiles encontraron
¡un tesoro! En la planta principal, formada por un pequeño
recibidor y una salita, hay muebles de la época y fotografías
de mapas de Morelos de muy distintas etapas. Me detengo frente a una vitrina
de madera en la cual hay una máquina de escribir de 1910 que parece
más bien un enorme insecto sacado de una de las pesadillas de Gregor
Samsa, el personaje principal de La Metamorfosis, de Franz Kafka.
Como todo lugar raro, El Castillito también tiene su leyenda. Algunos
rumoran que al cerrarse las puertas del museo, las fotografías
desaparecen y las personas en ellas retratadas se van a dormir y sueñan
sueños de un color que huele y sabe a guayaba. Y en los marcos
sólo quedan calles, casas, cosas y edificios con ojos dormitantes.
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